En un momento en que todos los aspectos de nuestras vidas —personales, políticos y cívicos— están siendo transformados por el giro digital, debemos recordar que todos los datos son datos históricos, que nacen debido a las decisiones que se tomaron para crearlos y recopilarlos, la intersección de las estructuras de poder y las infraestructuras que los han privilegiado y el despliegue de los recursos disponibles que les han permitido existir.
Desde registros de tráfico hasta flujos de redes sociales y escaneos 3D de edificios antiguos, el dataverso con el que ahora vivimos depende de una compleja interacción de tecnologías, oportunidades, privilegios y recursos.
Debemos interrogar a los impulsores de la creación, la conservación y la atención prestadas a determinados conjuntos de datos, y garantizar que estamos enseñando una «alfabetización de la información» de próxima generación: la capacidad de evaluar y desplegar con éxito los datos disponibles en sus vidas.
Europeana se sienta como un portal al pasado y al presente. Es un recurso confiable para el acceso distribuido al patrimonio compartido y local, lo que indica un objetivo comunitario de incluir la cultura humana y la historia en nuestra sociedad de datos. Los efectos son prácticos (aumento del acceso), promocionales (asegurarse de que la industria del patrimonio se considere en una era digital prospectiva) y políticos (permitiendo explorar las diferencias culturales y los puntos en común).
Todos los datos son datos históricos, un mero conjunto de puntos de muestra, al igual que las fotos históricas son capturas limitadas de un pasado estratificado y multifacético. Debemos continuar asegurando que nuestra historia cultural sea parte de nuestros datos complejos, fugaces y presentes.