Solían decir que la historia está escrita por los vencedores, pero, en esta nueva era de publicación y propagación digitales, estamos creando nuestros propios registros de nuestras propias vidas, de una manera sin precedentes. Somos más visibles el uno para el otro de lo que hemos sido nunca.
Solo en las últimas dos décadas los seres humanos han logrado reunir millones de cosas en un solo lugar. Claro, algunas de las instituciones culturales más grandes del mundo tienen millones de cosas en sus estantes o millones de especímenes en sus bóvedas, pero recientemente hemos visto una nueva proliferación de colecciones masivas de contenido en línea en la web. Europeana es uno de estos nuevos lugares. Instagram es otro.
Las plataformas digitales contemporáneas como Instagram tienen una curiosa ventaja, porque allí, nuestra historia nace digital y nace en el instante. La exploración a menudo ocurre socialmente, y no a través de expertos. Tal vez esto hace que sea más fácil vernos reflejados, en lugar de como Otro. Nos basamos en la descripción social y la interconexión, en lugar de la descripción de algo por parte de un profesional en solitario. Este es un cambio masivo.
La alfabetización sigue siendo un gran desafío, y ahí es cuando nuestros expertos regresan. Hay tanto que consumir que necesitamos orientación. Existe un nuevo papel cultural llamado Influencer. La revista Forbes nos dice que para convertirse en un influencer, debe encontrar su nicho: hacer algo único, crear un gran contenido, interactuar con su audiencia y mirar los datos para ver si están funcionando.
Lo emocionante es que la influencia, quienquiera que la esté causando, puede propagarse tan rápido como un rayo. Mira #metoo. Mira cómo eso se está distanciando activamente de la historia. Mira cómo se ven nuestras muchas historias. No tiene precedentes.
Las máquinas pueden notar un bache en el tráfico, pero no pueden interpretar la señal como nosotros. Como escribió Lewis Lapham, «Los ordenadores escanean todo pero no escuchan nada». El desafío para los trabajadores del patrimonio cultural es transformarse de guardianes de acceso a personas influyentes y recolectores de más historias. Las puertas ya están abiertas.
