Como director de un museo industrial, estoy fascinado por la revolución digital, que ha abierto mundos completamente nuevos desde finales del siglo XX. Las posibilidades emergentes aparecen aún más claras cuando se examinan las similitudes entre la revolución digital y la revolución industrial de los siglos XVIII y XIX. Esta comparación da motivos para reflexionar sobre la perturbación causada por tales transformaciones fundamentales. Partiendo de las innovaciones técnicas, ambas revoluciones describen no solo cambios parciales sino más bien integrales que no solo afectan a las economías y al mundo del trabajo, sino también a los procesos políticos y sociales y a la vida privada.
Revolución industrial
El Museo Estatal Textil e Industrial de Augsburgo demuestra muchas de las dimensiones potencialmente positivas de la revolución industrial a través de la exhibición de objetos como telares en funcionamiento. El capitalismo industrial no solo proporcionó a muchas personas nuevos empleos, sino que produjo productos producidos en masa que podrían ser comprados por una amplia población a precios razonables. Lo que solía ser lujo se abrió al consumo masivo. Por ejemplo, el consumo de algodón per cápita en Alemania aumentó en un factor de 20 en el siglo XIX. Tal revolución del consumo está ilustrada por la colección de libros de patrones en el Museo Estatal Textil y de la Industria, que contiene más de 1,3 millones de muestras de impresión textil.
No es casualidad que la era de la industrialización coincidiera con la era de la democratización, que implicó a un número creciente de personas en los procesos políticos. Con el desarrollo de medios como libros y periódicos, la esfera pública creció, lo que permitió que más personas participaran en asuntos políticos. Sin embargo, la industrialización también tenía dimensiones negativas, incluida la explotación de las poblaciones de la clase trabajadora y las muchas manifestaciones de alienación, tanto en términos de la propia fuerza de trabajo como de su relación con los productos manufacturados. El Museo Estatal Textil y de la Industria ha explorado estos aspectos negativos a través de exposiciones sobre la discriminación que enfrentan las mujeres durante este período.
Revolución digital
Las posibilidades digitales han cambiado enormemente los hábitos de consumo del mundo occidental. Nuestro centro comercial en todo el mundo está a solo un clic del ratón. Las redes globales, impulsadas por Internet y las redes sociales, ya han mostrado un impacto social y político. Internet también proporciona una abundancia de información, idealmente de acceso abierto, a una población mundial que puede adquirir educación, participar en la cultura y participar en la toma de decisiones políticas. Cuando los tesoros culturales y las ideas políticas se comparten libremente, la revolución digital sirve a la democratización, la participación y el empoderamiento.
Aquí, los museos pueden volverse activos. Próximamente pondremos en línea miles de fotografías recientemente digitalizadas, permitiendo el acceso digital a los tesoros culturales del museo. Además, en 2019, el Museo Estatal de Textiles e Industria tuvo una exposición temporal que trató sobre el futuro de la ciudad socialmente diversa de Augsburgo. Invitamos a alrededor de 100 personas a trabajar juntas para crear visiones para la vida futura. A través de Facebook e Instagram, permitimos que un público más amplio participe en estos procesos en curso.
La transformación de la esfera pública, que comenzó con la Era de la Ilustración, alcanza una nueva cualidad política en un mundo conectado digitalmente. El hecho de que las redes sociales en particular sean adecuadas como patio de recreo para las noticias falsas y la manipulación posterior a la verdad requiere herramientas confiables de aclaración de la verdad. Solo con su ayuda la revolución digital podrá ponerse al servicio de la justicia política y social. En última instancia, todas las revoluciones son a la vez beneficiosas y nefastas: corresponde a la sociedad civil, incluida yo misma, sacar el máximo partido de ellas.
¿Qué piensas sobre los vínculos entre las revoluciones industrial y digital? ¿Y cómo pueden las instituciones de patrimonio cultural explorar estas conexiones? Continúa la conversación en Twitter utilizando nuestros hashtags #EuropeAtWork y #EuropeanaCommunities.
