El mundo digital nos ha ayudado, y seguirá ayudando, a profundizar nuestra comprensión de las obras de arte y a compartir este conocimiento con un público cada vez más amplio.
Hace unos 20 años, la mayoría de los museos dudaban en compartir imágenes en línea, bajo la impresión de que los visitantes evitarían sus colecciones físicas en favor de las reproducciones digitales. Lo contrario ha demostrado ser el caso. De hecho, cuanto más ofrecemos acceso abierto a imágenes de alta calidad, proporcionamos una narración animada y compartimos investigaciones recientes, más relevantes se vuelven nuestras colecciones.
Hoy en día, nuestra obligación principal sigue siendo con la colección, con el objeto físico. En ese sentido, no ha cambiado mucho. Sin embargo, lo que vemos ahora es una tecnología cada vez más sofisticada que podemos aprovechar para mejorar y profundizar el conocimiento que compartimos con nuestros visitantes, todo sin perturbar el objeto físico real.
Ahora tenemos más plataformas que nunca para llegar a una audiencia (inter)nacional. Los sitios web se han convertido en algo más que cajas de luz, ya que nos permiten aprovechar el video y otros medios para contar historias. La realidad aumentada y virtual permitirá cada vez más disfrutar de reproducciones de alta calidad de obras de arte para aquellos que no pueden venir a un museo en persona.
¿Qué tan inspirador sería poder pasear por la ciudad de Delft en los días de Vermeer? La realidad virtual podría mostrarnos. Este es el tipo de tecnología que me entusiasma ver transformar nuestras interacciones con el arte y la cultura en un futuro muy próximo.
