La carrera mundial por la inteligencia artificial va en paralelo con una competencia global para capturar flujos de big data. La justificación es simple. En el nuevo paradigma de la inteligencia artificial, los algoritmos pueden publicarse y compartirse de forma transparente como bienes comunes. El valor real radica en los datos para entrenarlos. En esta fiebre del oro para los datos de entrenamiento, las empresas más grandes de los Estados Unidos y Asia disfrutan de una posición dominante a medida que median y, por lo tanto, capturan un flujo diario masivo de información.
Pero Europa tiene un activo que puede cambiar las reglas del juego: kilómetros de estanterías de archivos y bibliotecas, inmensas colecciones de museos y otras fuentes del patrimonio cultural y un conocimiento sólidamente establecido para interpretarlas y analizarlas. Estos registros, siendo mapeados por Europeana, no solo son importantes para preservar el patrimonio del pasado, sino que documentan miles de millones de piezas de información sobre nuestro mundo actual.
Europa está a punto de convertirse en líder en la extracción y modelización de este «Big Data of the Past», transformándolo en una fuente de nuevos conocimientos. Esto afectará no solo a la educación, las industrias creativas, la formulación de políticas y la modelización ambiental, sino que también permitirá la aparición de un nuevo tipo de inteligencia artificial con horizontes temporales más amplios. Esta futura IA, no centrada en las pulsaciones del presente, sino entrenada en milenios de registros históricos multilingües, podría conducir a una nueva y poderosa comprensión de nuestro mundo y sus patrones a largo plazo. Actuará como un motor de simulación para posibles futuros, ofreciendo así una ventaja única a las instituciones de investigación, los responsables de la toma de decisiones y las empresas.
La carrera de la IA no está perdida. Acaba de empezar.
